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La historia de Canarias empieza con los primeros habitantes de las islas y en el caso de Tenerife, los llamados guanches. Éstos se dedicaban esencialmente a las actividades de autoconsumo, agrícolas y de pastoreo, que tras la conquista fueron reemplazadas con el cultivo de la caña, la serrería de madera de pino y el cultivo de la vid, muy importante en esta comarca.

El menceyato establecido en esta zona de la Isla de Tenerife tuvo como último mencey a Belicar, hijo de Chincanayro el grande, por eso recibió el nombre de Ycoden, que quiere decir “el establecimiento donde tuvo lugar el hijo del grande”. Los aborígenes, durante el reinado de Chincanayro, encontraron entre las rocas de la orilla del mar la imagen de un santo y, teniendo esa zona como lugar para los enterramientos de sus muertos, le atribuyeron a dicha imagen una interpretación relacionada con ultratumba. Ya cuando reinaba Belicar, en 1496, después de la conquista y de que éste fuera bautizado con el nombre de Blas Martín para la incorporación total a la corona de Castilla, llegaron unos conquistadores a la zona y Belicar los condujo junto con el capellán Ruy Blas hasta la cueva donde guardaban el santo y desde ese momento fue reconocido como San Marcos y se llamó así también a la playa y a la cueva.

Por lo tanto, Icod surge para la historia en 1496. Después de esto, muchos colonizadores se establecieron en los alrededores del Drago y se llevaron la imagen para crearle una pequeña capilla que más tarde se convertiría en la Parroquia de San Marcos y éste en el patrón de la ciudad.

En esta época se produjo la introducción de nuevos cultivos como la vid, que proporcionaba un vino de gran calidad y tenía una amplia demanda en Europa, fundamentalmente en Gran Bretaña, durante la segunda mitad del siglo XVI, pues el cultivo de la vid hace que Icod experimente un espectacular crecimiento, de ahí que desde entonces “de los Vinos” se haya unido para siempre a su nombre original, regulándose oficialmente incluso tal circunstancia toponímica desde 1950 y en su escudo heráldico desde principios del pasado siglo XX. Dentro de la historia de la viticultura de Tenerife, el valle de Icod ha ejercido un importante papel, tanto por la producción de vino como por la de aguardiente, siendo tal la abundancia del viñedo que éste sobrepasó a la agricultura de subsistencia, integrándose en el ámbito comercial.s leo.

Desde aquellos lejanos años de la centuria de 1500, Icod empieza a definirse como una zona eminentemente vitícola orientada hacia el comercio marítimo. Las viñas proporcionaban un vino blanco de relativa alta graduación que era vendido en las colonias portuguesas y británicas.

También se producía, aunque en menos cantidad, el malvasía de diferentes variedades: dulce, blanco y seco, que reportaba buena parte de las divisas del municipio, sobre todo en cruciales momentos históricos como a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Con diferentes periodos coyunturales de expansión y otros de crisis y con las más variadas técnicas artesanales en su proceso, durante distintas épocas y hasta la actualidad, Icod ha mantenido su prestigio vinícola. Tal como el propio viajero “[…] Icod de los Vinos es el lugar del vino espirituoso y aromático, donde se dan los mejores caldos de Tenerife. En los contornos, en las zonas bajas, sobre la montaña, por todas partes, las cepas de malvasía ostentan sus tesoros […]”.
En esta etapa, de los siglos XVI y XVII, fue en la que se construyeron sus más importantes edificios e iglesias. A mediados del siglo XVI empieza a conocerse con el sobrenombre “de los Vinos”, debido a este auge del cultivo de la vid. Será a principios del XX cuando se regule y se inserte en su escudo heráldico. En 1812 Icod es designado como cabeza de la comarca de Daute, aunque fue el Rey Fernando VII quien en 1826 dicta tal capitalidad que se proclama definitivamente en 1833.
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Tras concluir la conquista de Tenerife -a finales del siglo XV-, se procedió al reparto de las ricas tierras y aguas del Valle de Icod. El Adelantado Alonso Fernández de Lugo -conquistador de la Isla- se reservó un importante renglón en el que levantó un ingenio azucarero, mientras que el resto del terreno se dividió en pequeños y medianos lotes. De esta forma, desde el principio se consolidó Icod como una comarca agrícola a la que acudirían portugueses, que se fusionaron con los restos de la población nativa e indígenas de Gran Canaria y La Gomera.

La crisis del sector azucarero en la isla obligó a Fernández de Lugo a arrendar sus tierras y comenzó a dedicarlas al cultivo de la viña a partir de 1542. Desde entonces el desarrollo del viñedo está unido al rápido crecimiento poblacional y urbanístico que experimenta esta zona. Uno de los síntomas del desarrollo de la ciudad es la fundación de conventos y en Icod el primero fue el de San Sebastián, que se edificó en 1585 en una pequeña ermita regida por Agustinos.

El recinto ocupado por el hospital de las monjas Bernardas, que posteriormente desapareció pasto de las llamas, fue el segundo, y finalmente, en 1641, se creó el tercer convento, el franciscano del Espíritu Santo. Fue así en el siglo XVII cuando se construyeron sus edificios e iglesias más suntuosos, evolución socio-económica que queda demostrada cuando en 1676 contaba con 3.006 habitantes, lo que la convirtió en la cuarta localidad de la isla.

Otro edificio importante de Icod de los Vinos, además de los mencionados, es la Iglesia Matriz de San Marcos, que se levanta como capilla en 1500, y catorce años después se convierte en parroquia aunque siguió teniendo cambios hasta el siglo XVIII, que es cuando alcanza su actual aspecto. Este edificio, de portada manierista del siglo XVI, antecesor de barroco, tiene una torre realizada a lo largo de distintos siglos y se observan otros estilos, como el claro carácter gótico de su campanario.

En su interior toda la estructura está cubierta de artesonado de madera de estilo mudéjar. El altar de la Capilla mayor tiene adornos tallados de estilo barroco, siendo uno de los mejores exponentes del barroco que se conservan en Canarias. Esta iglesia es, además, una de las más ricas en imágenes de Canarias, gracias a las valiosas obras traídas en los siglos XVII y XVIII, construidas en América, Andalucía, Castilla y Canarias.

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Entre las más importantes cabe destacar El Nazareno del escultor sevillano Martín de Andujar, El Cristo Vivo o Cristo de la Expiración de la Escuela Sevillana del Siglo XVIII, El Cristo de la Humildad y Paciencia de Martín Andujar, El Cristo de la Muerte Dulce de un artista anónimo del neoclásico o la imagen de San Marcos, una de las esculturas más antiguas de Canarias, de la escuela flamenca del siglo XIV.

Ayuntamiento de Icod de Los Vinos, Plaza Luis de León Huerta, S/N - 38430 Tel. 922 86 96 00